Viernes Santo- Hasta dar la vida



ORACIÓN INICIAL
Señor, te pedimos que nos defiendas de todos los peligros de la mente y del cuerpo y, a través de la intercesión de María, siempre Virgen, Madre de Dios y de san José, de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, en tu amorosa bondad nos asegures la salvación y la paz; y que una vez superados todos los errores y adversidades tu Iglesia pueda servirte en seguridad y libertad.




Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.

Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica.

Y esto es lo que hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tuhijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.» Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Juan 19, 23-30



Si ayer el AMOR tenía el color del servicio y de la fraternidad hoy tiene el color de la pasión, de la sangre derramada, de la vida arrancada. 
Jesús muere asesinado en una cruz tras un proceso de tortura. Los que lo mataron no solo querían quitárselo de en medio sino degradarlo ante la sociedad para que su influencia desapareciera.

Mataron a Jesús porque su manera de vivir la relación con Dios y con las personas, era una amenaza para los poderes religiosos establecidos. El Dios Abba de Jesús no es el soberano que quiere ser servido, sino Amor absoluto que se pone al servicio del hombre. Jesús murió por ser fiel a sí mismo y a Dios. La muerte de Jesús no fue un accidente sino consecuencia de su manera de ser y de actuar.

No dejó de decir lo que tenía que decir, ni de hacer lo que tenía que hacer, aunque sabía que eso le costaría la vida. Lo que salva (da plenitud) al hombre no es la cruz sino el amor. Lo que aporta la cruz es la certeza de que el amor es posible aún en las peores circunstancias que podamos imaginar.

¿Qué experiencia tiene Jesús que le sostiene a la hora de afrontar todo el sufrimiento y la muerte? La experiencia de saberse en unidad con el Padre, que le da confianza pase lo que pase: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.
Extraído de reflexiones de Fray Marcos
www.feadulta.com

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Fomenta el respeto hacia los animales

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«Rezaré el Vía Crucis en una iglesia

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ORACIÓN

EL SIERVO
No gritará, no alzará su voz,
no voceará por las calles.
No quebrará la caña cascada
ni apagará la llama vacilante.

ÉSTE ES MI SIERVO,
EN QUIEN ME COMPLAZCO,
ES MI ELEGIDO,
A QUIEN SOSTENGO
PARA QUE TRAIGA LA SALVACIÓN
A TODAS LAS NACIONES (2).

Yo, el Señor, te llamé,
te tomé de la mano

para dar vista a los ciegos
y liberar al cautivo.
Sin apariencia humana,
desfigurado y humillado.
Se escandalizan ante tu rostro
ante ti, mi Siervo amado.

Ain Karen




Contempla la imagen de la Cruz: un trazo horizontal y otro vertical.

En el trazo vertical contemplas lo que sostiene a Jesús, lo que le da solidez, donde se alimenta, donde descansa, sus raíces profundas. Su experiencia de trascendencia, de experimentarse como Hijo amado de Dios, su experiencia del Espíritu como fuente de agua viva.

En el trazo horizontal contemplas la acción de Jesús en el mundo. Sus brazos extendidos para darlo todo, para que llegue el amor a todos los rincones de la tierra, su proyecto de que “tengan vida y vida en abundancia”. Y ahora pregúntate por tus raíces y el proyecto que de ahí nace para el mundo





ORACIÓN FINAL
Tú, Señor, eres mi pastor.
En lugares verdes me haces descansar, me conduces hacia fuentes tranquilas y reparas mis fuerzas. Me guías por senderos de justicia y de amor.
Aunque camine por valles tenebrosos, no temeré mal alguno, tu presencia me sosiega y me infunde aliento.
Tu bondad y tu amor me acompañan todos los días de mi vida y en tu casa, Señor, por siempre viviré.
(Salmo 23)