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Jueves Santo-Institución de la Eucaristía y el Sacerdocio

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
- JUEVES SANTO


ORACION INICIAL


Señor Jesús, vamos a participar en tu última cena.
Todo huele a pan y a despedida.
Pan, toalla y palangana, alimento y servicio,
amor que se hace de gestos concretos
con el que nos necesita.

Lecciones de amor, toda tu vida una lección:
de cómo amar y entregar la vida hasta el final.
Hoy nos invitas a esta comida, nos tratas como amigos
y nos invitas a no olvidar nunca este banquete,
donde quieres que nos amemos como Tú nos has amado.

La ternura del pan en el adiós a un amigo,
que será pronto prendido
por la traición, el abandono y el silencio.

Hoy, Jesús, queremos comer tu pan
para que así crezca en nosotros
tu manera de amar y el aroma del trigo.
Nuestros cuerpos, como el tuyo, han de convertirse
en continúa eucaristía, donde otros puedan saciar su hambre
y su sed de Ti.


MEDITACIÓN DE LA MAÑANA

Transportémonos en espíritu a la última Cena, en la cual Jesucristo, la víspera de su muerte, reúne a sus Apóstoles, como el padre de familia próximo a su fin reúne a sus hijos en torno de su lecho de muerte para darles sus últimas voluntades y legarles la herencia que su amor les ha juntado. Sobre todo, entonces, les atestigua cuánto les ama. Asistamos con recogimiento y amor a este conmovedor espectáculo y meditemos en los dos grandes misterios del día: la institución de la Eucaristía y la institución del sacerdocio.

PUNTO PRIMERO
- INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

Admiremos desde luego a Jesucristo arrodillado delante de sus Apóstoles, lavándoles los pies, para enseñar a todos la humildad profunda, la caridad perfecta, la pureza sin mancha que pide el Sacramento que iba a instituir y que ellos iban a recibir. Se sienta en seguida a la mesa, toma el pan, lo bendice, lo parte y lo distribuye a sus discípulos, diciendo: “Tomad y comed; ÉSTE ES MI CUERPO”. Y, tomando el cáliz, se lo da, diciendo: “Tomad y bebed; ÉSTA ES MI SANGRE, LA SANGRE DE LA NUEVA ALIANZA QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS EN REMISIÓN DE VUESTROS PECADOS”. ¡Oh! ¡Cuán bien se conoce el amor de Jesucristo! El divino Salvador, próximo a dejarnos, no pudo resolverse a separarse de nosotros. “No os dejaré huérfanos, había dicho; mi Padre me llama; pero, al irme a Él, no me separaré de vosotros; mi muerte está determinada en los decretos eternos; pero, muriendo, Yo sabré sobrevivirme para quedar con vosotros.

Mi sabiduría ha ideado cómo obtenerlo y mi amor va a ejecutarlo”. En consecuencia, convierte el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre, en virtud de la indisoluble unión de la Persona divina con la naturaleza humana, lo que un poco antes no era sino pan y vino, es ahora la persona adorable de Jesucristo toda entera, su persona divina, tan grande, tan poderosa, como está a la diestra del Padre, gobernando todos los mundos y adorado de los mismos ángeles, que tiemblan en su presencia. A este milagro sucede otro. “Lo que yo acabo de hacer, dice Jesucristo, vosotros, mis Apóstoles, lo haréis; os doy para ello el poder, no solamente a vosotros sino a todos vuestros sucesores, hasta el fin de los tiempos, puesto que la Eucaristía será el alma de toda la Religión y la esencia de su culto, y debe durar tanto como ella misma”. Tal es la rica herencia que el amor de Jesucristo ha transmitido a sus hijos por toda la continuación de los siglos; tal es el testamento que este buen Padre de familia ha hecho, en el momento de su partida, en favor de sus hijos; sus manos moribundas lo escribieron, y en seguida fue sellada con su Sangre; tal es la bendición que este buen Jacob dio a sus hijos reunidos en torno a Él antes de dejarlos. ¡Oh preciosa herencia, querido y amable testamento, rica bendición! ¡Dios mío, Dios mío! ¿Cómo agradeceros tanto amor?

PUNTO SEGUNDO-
 INSTITUCIÓN DEL SACERDOCIO

Parece, Señor, que habíais agotado para con nosotros todas las riquezas de vuestro amor, y, sin embargo, he aquí nuevas maravillas. NO ES SOLAMENTE LA EUCARISTÍA LO QUE NOS DISTEIS EN ESTE SANTO DÍA, SINO TAMBIÉN EL SACERDOCIO, CON TODOS LOS SACRAMENTOS, CON LA SANTA IGLESIA, CON SU AUTORIDAD INFALIBLE PARA ENSEÑAR, EL PODER PARA GOBERNAR, LA GRACIA PARA BENDECIR Y LA SABIDURÍA PARA DIRIGIR. Porque todo esto se liga esencialmente con la Eucaristía, ya como preparación para disponer el alma para recibirla, ya como consecuencia para conservarla o para extender sus frutos.

Por consiguiente, Jesucristo como Pontífice Soberano, quiso establecer, y estableció realmente, todos estos poderes a la vez con esta sola palabra: “Haced esto”. ¡Oh sacerdocio, que esclarecéis, purificáis y enardecéis las almas, que dispensáis sobre la tierra los misterios de Dios y que, socorriendo al alma caída como al alma justa, las riquezas de la gracia; sacerdocio que, socorriendo al alma caída como al alma justa, hacéis nacer el arrepentimiento y le abrís las puertas del cielo, acogéis a los pecadores y les volvéis la inocencia; sacerdocio, que sostenéis al alma vacilante y la hacéis avanzar en la virtud, que protegéis al mundo contra sí mismo y su corrupción, contra el Cielo y sus venganzas: sacerdocio, bienhechor inefable, yo os bendigo y bendigo a Dios por habernos dado a la tierra! ¡Ah! ¿Qué sería del mundo sin vos? ¡Sin vos, que sois su sol, su luz, su calor, su consuelo, su fuerza, y su apoyo!

 ¡Oh Jueves Santo, mil veces bendito, porque trajisteis tantas felicidades para los hijos de Adán! Jamás podremos celebraros con bastante piedad, fervor y amor.

—Tomaremos en seguida la resolución: 
1º De hacer mañana la mejor comunión del año;
 2º De pasar todo el día en vivos sentimientos de agradecimiento a Jesucristo por la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de un santo abad:
“¡Oh Dios, pródigo de Vos mismo en fuerza de vuestro amor al hombre!”

Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.

ORACION FINAL


Te agradecemos, Dios santo, la presencia de Jesús en medio de nosotros.
Eso creemos, porque es sencillamente lo que nos prometió
siempre que nos reuniéramos como ahora en su nombre.
Dios invisible, pero presente en toda la inmensa creación,
derrama tu espíritu de amor sobre todos nosotros
para que seamos amigos de la verdad
y la verdad nos haga libres, para que tengamos entrañas de misericordia
y nos duelan las desgracias que sufren tantos hermanos,
para que siempre estemos disponibles para ayudar a otros,
para que seamos entusiastas constructores de tu Reino.

Queremos hacer una gran iglesia, una iglesia sin fronteras,
una comunidad universal, donde tenga cabida
toda la gente de buena voluntad y buen corazón.
Ensancha nuestras miras, que aprendamos de ti
a entender y a querer a propios y extraños. Todos juntos,
como testimonio de la gran familia que formamos en Ti,
invocamos tu nombre y brindamos en tu honor,
por Jesús y con Jesús, tu hijo, hermano y maestro nuestro.
AMÉN.

Rafael Calvo Beca

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